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Los adultos se enfrentan a factores estresantes, físicos, económicos, emocionales y espirituales. El divorcio es un ejemplo común de esta tensión contemporánea. Frecuentemente es un proceso largo. Puede que pasen meses o incluso años de angustia antes y después del fallo judicial. A menudo, el divorcio en sí no es el problema, es la interrupción de la rutina y de las relaciones familiares lo que causa la tensión. Durante el tiempo que los adultos sufren de la soledad, el sentido de culpabilidad o la rabia, puede que ellos no tengan la energía o los recursos para responder a las necesidades de los hijos y es en estos momentos que sus hijos más los necesitan. Síntomas de dificultad transitoria En los padres:
En los menores:
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